martes, 27 de diciembre de 2011

Amaneceres desteñidos

En esta época en que todo el mundo dice "felicidades", me pregunto cuántas clases habrá. Sobre todo porque me gustaría tener alguna. Cualquiera. Las tardes de verano a la sombra de los árboles, el aroma a pasto recién cortado, las noches pobladas de murmullos lejanos... todos esos pequeños y mundanos momentos han perdido su encanto. No me había percatado, pero por algún motivo (de los que hay por docena) todo parece deslucido. Esas cosas que se enuncian como simples pero fundamentales, no me llenan el alma como solían hacerlo. Percibo la magia, pero tras bambalinas, de la misma forma que se advierten los movimientos sutiles de quien prepara una fiesta sorpresa. Sólo que no hay tal. En cada recodo aguardo algo inesperado que nunca sucede. "La esperanza se me cae y se me rompe..." de esperar lo que no llega, sin saber qué es.


Ya lo sé, Maga: otra vez estos amaneceres estivales preñados de promesas. Siempre te bastó tu mundo para ser feliz, y hoy ya no parece suficiente. No sabría qué decirte para darte el consuelo que no me pedís. No soy más optimista que vos. Tal vez la clave sea no esperar nada, y asimilar que esto en realidad es todo...

2 Conejos de la galera:

Juan Ignacio dijo...

El esperar es algo inherente a la condición humana.

La Maga dijo...

En cierta forma, tal afirmación funciona como consuelo. Gracias por tu comentario, se aprecia.

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