jueves, 13 de diciembre de 2012

Como si nada, como si todo

Abatida, acongojada, triste. No me digas nada, Maga. Pero nada, eh? Ni una palabra, ni una queja, ni un pero... NADA. Yo te advertí. No me vengas con la pena a rastras, no me traigas pedacitos para que te los pegue. Te dije que en esta estación, no. Tenías que insistir, tenías que dejarte llevar. Y tenías que decirlo!! Cómo pudiste? Esas dos palabras no se pronuncian -ni se escriben, ni se piensan- tan ligeramente. Qué te enseñé, Maga? Lavate la cara, respirá hondo, y continuá, exactamente como venías. Aquí no ha pasado nada!


Será que esos caminos tan maravillosos no están destinados a unirse con los míos?

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