viernes, 23 de noviembre de 2012

La punta del iceberg

No es lo mismo, pero también él acude a las musas.
No es lo mismo, pero también él roba madrugadas.
Anclada en otra primavera, yo busco señales,
que me lleven justo a donde estuve antes.
Es distinto, pero aún así lo intenta
-y yo lo dejo hacer-
Es distinto y tan parecido a la vez
-por eso lo dejo hacer-
Sólo un fragmento asoma, velado el resto.
Prohibido acaso; difuso y ambiguo, 
tan incierto que coquetea con el vértigo.
Lo cierto es que estaba antes de llegar.


Tan sólo el escozor! Porque ni falta que hace que te lo diga (en definitiva ya lo sabés): esta estación, no.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Rojo certeza

Octubre fue el mes. La Maga guardó silencio y esperó: que las lanzas del recuerdo la atravesaran. Lo dejó ir, mas no se fue (porque dicen que "algunas cosas no se olvidan, sólo cambian de lugar hasta que encuentran la salida"). Finalmente, La Maga aceptó que las madrugadas son todas de él -tal vez siempre fue así, desde antes de- y que los puentes debe tenderlos ella. Y ahora Noviembre, sin sol ni luna, la sorprende (y un tanto a mi también). Un día de suerte, un día de eclipse, un día cualquiera... Parece que al fin va a dejar de adivinar el camino para empezar a trazarlo: la fiera ha sido domada.


Si sigo adelante es porque tengo una certeza, algo que nunca entenderías.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Cual marasmo

Un año no alcanzó para atenuar el recuerdo. La Maga puso en práctica todas las técnicas y tácticas que le fueron sugeridas: se esmeró en hacer una lista de aspectos negativos (pero él tenía tan pocos! y a medida que pasaba el tiempo, a medida que ella conocía otros mundos, parecían menos aún). También probó volviendo a antiguas actividades que solían distraerla, como el cultivo de la mandrágora y la lectura de textos mágicos. Aceptó sin más rodeos cuanta invitación la llevara por un camino nuevo. Procuró metódicamente alejarse de todo aquello que lo trajera a él de vuelta. En vano. No pudo. No puede. Todo se le antoja una foto trucada, un billete falso. Y aunque otra vez es primavera, se deja arrastrar como una hoja de otoño, sin rumbo, sin expectativa, viviendo al ras. Las noches se consumen en una espera repetida e inútil, a veces con un halo de esperanza, a veces totalmente vacías. Cada célula de La Maga rezuma una certeza que lo evoca sólo a él. No quiere otra cosa, no quiere un substituto. Tan simple e imposible como eso. Por eso ya no abandona el búnker, ni tiende puentes, ni busca el rumbo. Se entrega mansamente a la tristeza contra la que no pude luchar. En su asumida desesperanza, recuerda las viejas ansias e imagina alternativas para cada esquina que dobló. Sin remordimientos, sin lamentos: un simple reflejo del desaliento. Ay! Yo intenté  darle razones para volver, pero ella de razones no entiende. 


El remedio y la salida es siempre el mismo tragaluz. Y ni siquiera puedo alcanzarlo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Un deseo

Hoy todas las canciones, todas la melodías, todos los poemas, todas la imágenes, todos los perfumes te evocan. Dichoso el día en que llegaste. Suerte la mía de haberte cruzado tanto tiempo después. Ínfimo y efímero como fue, dejó una estela infinita. Hoy, cuando pidas un deseo, me rozarás con el pensamiento?

jueves, 16 de agosto de 2012

La tercera

No sé qué botón tocaste, qué oculto mecanismo activaste, pero gracias a vos (y acá cabría un lamentablemente porque esto me costó tu amor) pude enfrentar mis demonios. Totalmente ajeno a lo que sucedía, me pusiste frente a un espejo y me pude ver, en mi autoimpuesto ostracismo, levantando paredes, derrumbando puentes, saboteando voluntariamente mis retazos de cielo. Y me aceptaste así, una vez, hasta que mi manía por evitar cualquier posible dolor me llevó a lastimarte, irreparablemente. Gracias. Sin proponértelo ni saberlo, despertaste algo que estaba dormido, o tal vez olvidado. No tengo derecho a pedirte más disculpas, después de tanto tiempo, pero si me dejaras sanarte, si aceptaras la tercera y la vencida, yo podría fabricarte ese paraíso que un día tuve en la punta de mis dedos y te negué.

sábado, 11 de agosto de 2012

Reverberante everness

Y los puntos suspensivos se prolongaron. Casi casi me alcanza otra vez octubre envuelta en el sonido blanco de su mutismo. Los tal vez y los hubiera no dejan de aguijonear el hoy. Tan difícil exorcizarlo como evitar que el pensamiento involuntario se llene de él. Sabio, el tiempo ha hecho decantar el ayer, dejando romas las últimas palabras. Insignificancias aún lo traen de vuelta y lo perpetúan tal y  como en aquellos días. Imposible reemplazarlo, difícil llenar su vacío, porque nadie da su talla en una búsqueda absurda: no hay dos... Ensayo un puente de palabras, mezcla de disculpas e indulgencia, para cruzarlo y que se descuelguen todas esas cosas que pensamos, ansiamos -tal vez entre líneas- y quedaron truncas. Me es tan fácil imaginarlo recortado en cada espacio frente a mí que por momentos tengo la certeza de que aquí es a donde pertenece. Evoco la cadencia mansa de su voz y hasta creo adivinar qué diría. Lo extraño, lisa y llanamente; lo busco sin atreverme a encontrarlo. Y no hay remedio. Lo que vio no le gustó. Pero no es lo único. Ni es todo.


"Si él pudiera olvidar su mente frente a vos, sé que su corazón te diría que sí".

lunes, 16 de julio de 2012

Puentes colgantes

La imágen es recurrente: bajo un cielo abarrotado de nubes que amenzan descolgarse, te encontrás parada en el borde de un acantilado o algún sitio escarpado y singular. Distante y aislada, nada hay alrededor salvo la noción de algo vasto e indomable. Desde orillas remotas, que sólo adivinás, llegan hasta tus pies, angostos puentes colgantes; a veces tres, a veces cuatro, otras tantas, sólo uno. En un silencio ubicuo que se palpa, estirás un pie sobre alguno de ellos. A veces lográs pararte e incluso dar unos pasos, pero siempre, indefectiblemente, el endeble puente cae. Sin vos; porque vos estás de nuevo al comienzo.


Será que ninguno de esos caminos tenía que tomar. Será que tengo que seguir esperando a que se extienda uno seguro y firme. O será precisamente ese el que quemé?